Defensa del patrimonio histórico de Vicálvaro La Asociación

10. Palacio del Duque del Sevillano

Nos encontramos en la Calle Duque del Sevillano. Hasta 1821 recibía el nombre de «Calle del Horno». Este duque nació en Vicálvaro en 1790 y se hizo un hombre socialmente muy importante. Tuvo dos hijas que se casaron con dos condes; la primera, unida al Conde de la Vega del Pozo, tuvo una hija nacida en 1853 que fallece en 1916 sin descendencia.

En una de las fotografías se ve el escudo de la familia de «Los Sevillano», una de las familias más importantes del pueblo desde el siglo XVIII. Otra familia importante eran los «Madrid Dávila», mucho más antigua, que llegaron a ser hidalgos. Su casa, que mucha gente conoce como «la casa de Fausto», perteneció a los Madrid Dávila desde el siglo XVI o XVII. Lo único que actualmente se mantiene de ella es la barandilla.

El Duque del Sevillano tuvo su primera casa en este rincón. Cuando el Ayuntamiento adquirió el edificio, decidió homenajear a la caritativa dama María Diega Desmaissières y Sevillano, la nieta del duque. Tanto la nieta como su abuelo tenían dos palacios en lo que hoy es la Gran Vía: donde está la relojería «Grassy» era el palacio de la duquesa, y donde está la Telefónica estaba el palacio del duque. María Diega construyó el panteón de Guadalajara y el colegio del Pilar. Financió muchas construcciones del pueblo, entre ellas el cementerio, y por eso el Ayuntamiento le puso una calle a su nombre, la «Calle Condesa de la Vega del Pozo», y otra al de su abuelo, el «Duque del Sevillano».

Cuando ella falleció en 1916 sin descendencia, su fortuna se distribuyó entre nueve familias. Esta finca acabó en manos de los militares durante la época de Franco. En él se rodaron dos películas a principios del siglo XX: «El niño de la monja» y «Currito de la Cruz». El progresivo deterioro de la finca, en gran parte por las consecuencias de la guerra, llevó a que fuese demolida a mediados del siglo XX, convirtiéndose en un solar durante muchos años. En 1986 pedí permiso a Defensa para que me cediesen la última ventana que quedaba del edificio, para llevarla al museo.

El «jardín de la duquesa» llegaba hasta la Calle Mercurio; al final de la finca había una noria y un gran invernadero. Con la guerra, los árboles fueron talados para construir trincheras. La finca se mantuvo hasta 1971, cuando construyeron la Calle San Cipriano, partiéndola en dos. En las excavaciones recientes se encontró una antigua tinaja que Pryconsa me cedió para el museo, y se instaló un pequeño arco de la antigua casa del duque, protegido con una armadura de hierro y madera.

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