La primera noticia que tenemos de esta ermita está datada en el siglo XVII. Se trataba de una finca que, antes de pasar a pertenecer a la iglesia, era propiedad de un particular. Es ese pequeño panteón que podemos contemplar junto al cementerio, que con el paso de los siglos se fue deteriorando considerablemente.
No fue hasta 1994 que me propuse restaurarla y, gracias a las donaciones de los vecinos, iba todos los sábados que libraba a avanzar con la obra junto a personas que me ayudaban de forma voluntaria. En sólo un año conseguimos restaurarla, y la volvimos a inaugurar en 1995. Un carpintero construyó la nueva puerta, un industrial regaló las tejas y la fábrica de Valderrivas facilitaba el cemento. Fueron muchísimas horas de trabajo colectivo, sin ningún tipo de subvención.
Justo debajo de ella se encontraba una estela funeraria que pertenecía a seis alemanes de la Legión Cóndor, datada dieciocho días antes de que terminase la Guerra Civil. La concejala del momento nos la cedió para el museo, y la tenemos expuesta en el patio.
Es el segundo cementerio más antiguo de la Comunidad de Madrid, después del Cementerio de San Isidro. En el certificado oficial aparece datado de 1814. Era un cementerio o «campo santo» que no estaba tapiado, en medio del campo, hasta que tres años después se construye la tapia que lo rodeaba. Y como siempre se dice… colorín colorado, este cuento se ha acabado. Espero que os haya gustado este paseo a través de una muy pequeña parte de la historia de Vicálvaro.
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